Bitácora de viaje
Para ponerme en contacto conmigo, más que el yoga, me sirve una pluma... que me saca el alma con tinta. Y he aquí una parte de mi bitácora de una parte de mi viaje por la vida.
El lunes dejé Monterrey en pos de la tierra desértica que habitan mis primos.
Empezó el trayecto cerca de la una de la tarde, y empezamos a atravesar montañas, unas por en medio y otras nos rodeaban hasta lograr ver como un mar de hierba, que no se detenía hasta juntarse con el cielo, un mar verde, muy verde debajo de unas nubes muy blancas, muy gordas, con formas de osos y perros y de aves extrañas que soltaban humo blanco por la boca y después de unas cuatro horas llegamos felices a nuestra primera parada, tierra conocida, donde viví cuatro años y declaramos comenzado el trayecto por tierra “americana” comi-cenamos en el charcoal, a mi gusto, el lugar más rico de aquellas tierras. Y seguimos el camino por una hora más para llegar al hotel, donde dormiríamos para recomenzar el viaje.
Yo tengo una forma diferente, tal vez, de recordar, a mi se me vienen un montón de sensaciones, separadas o en grupo; y me acordé de otras sensaciones de cuando en el recorrido iba mi madre, que ahora no nos había acompañado y cuando abrí la maleta se me vino una sensación de casa hogar, (casa hogar la siento casi todo el tiempo) después; un sentimiento de ausencia, de ausencia de mi mamá, de ausencia de mi hermano, mucha ausencia ( y también tu estabas ausente hasta que me dormí y apareciste en mi sueño).
Al día siguiente empezó el recorrido más ausente; empezó con la sensación de “bagles” que no aparecieron, y después: ausentes los poblados, la gente, hasta las nubes... nada quería delinear nuestro trayecto. El cielo desnudo, menos de sol, que abarcaba todo lo que estaba sobre el suelo, pero eso sí, ningún árbol, porque estaban también ausentes, hasta que llegamos a la gran urbe: El Paso, que nos anunciaba descanso cercano y final de un segundo día de peregrinación. (y me imagino las grandes peregrinaciones de Jesús, María y José para llegar a Jerusalén).
Poco después de increíble presencia de carros logramos dejar esa ciudad para llegar a las cruces, cambio el horario desde el paso, nos volvimos una ohra más jóvenes, le robamos una hora al tiempo. Llegamos al hotel, me vinieron sensaciones de viajes pasados, caminatas cortas y juegos, pero fuimos al deny’s y se me vine ahora una sensación de vacío; vacío de sabor, vacío de todo, de todo. Y encuentro con una cultura, cultura de yo no sé qué, y me dan ganas de conocerla, y me da pavor contagiarme. Una mujer de edad recién casada, que había vivido dos años con el tipo estaba preparándose para conocer a la ex-esposa y a los hijos. y me llena de sentimientos raros; de vacío de algo fijo, y vacío de estabilidad y de amor y de yo no se qué, y nos fuimos a dormir.
Yo estaba cansadísima y eran las 8:30 en las cruces, y no había rezado el rosario, más que un misterio y me quede dormida tratando de terminar, me desperté con la pulsera entre las manos, asustada de estar despierta y de haberme dormido y empecé a rezar, sólo recuerdo un ave maría y volví a dejar el pensamiento consciente, y me desperté a las 5:00 y no sabía si meterme a bañar o esperar y me volví a dormir hasta que sonó el despertador a las 6:30... nos pusimos listos para proseguir el viaje y salimos a las 9:30, estaba llena de sensaciones, de último día de viaje, de acontecimientos en el camino, de Texas Canyon en Arizona y de llegada a Phoenix.
Cruzamos el mundo con un clima más fresco y después de un rato que cruzamos Nuevo México y llegamos a Arizona nos encontramos con las montañas de piedra sobre piedra que en ese lugar se llaman Texas Canyon.
Nos paramos, caminamos, vimos familias llegar ahí y tomamos fotos, y otra vez l carro para terminar la peregrinación. (me quedaba dormida cada vez que rezaba dos misterios y la última vez fue después de estar a 38 millas de Phoenix, así que llegue dormida (y nos perdimos) luego hablamos, pero mi primo no sabía y vi en el mapa y ya quedó todo claro, nos regresamos para no correr riesgos y empezamos a atravesar la GRAN CIUDAD, lleno de sensaciones de las vez pasada de tiendas, de pláticas, de todo; y al fin llegaos a la casa con mis primos que iban llegando en el Jeep, y el olor de siempre, listo a recibirnos.
Es un olor que va donde vaya mi tía yo creo, es un olor que envuelve y acoge y está lleno de recuerdos. De recuerdos de visitas, aquí o en Chicago, y de cosas buenas y malas, pero bien cargado, cargadísimo de sensaciones, de años y años. Los trae todos desde hace dos años y seguro que hasta que tenía cuatro o cinco la primera vez que fui a visitarlos.
Cada cosa tiene su olor, y a mí me gusta el tuyo siempre con recuerdos buenos, siempre!!

0 Comments:
Post a Comment
<< Home